38 Don Mateo y Pilancones

Don Mateo es una hacienda de 1600 hectáreas ubicada 100 km al sur de El Tigre.
Estado Anzoátegui, Venezuela, en lo que se llama “la mesa de Guanipa”, la zona agrícola
más rica del país y además un área de inmensa riqueza petrolera, de modo que en la
propia hacienda hay varios pozos de petróleo.

La hacienda está limitada al oeste por un río que se puede navegar en lancha hasta el
Orinoco, enorme y maravilloso río 14 km al sur de don Mateo.

Esa tierra es tan rica que si en cualquier punto de la parte plana de ella, alrededor de mil
hectáreas, se hace una excavación de 3 o 4 metros de profundidad se encuentra agua en
cantidad ilimitada.

En esta región del país, como en muchas partes de Venezuela, en un potrero
plantado con buen pasto éste crece tan rápido que treinta días después de comenzadas
las lluvias alcanza una altura suficiente para tapar completamente una Toyota Four
Runner 4x4.

Todo esto me debió haber servido para entender que esa hacienda estaba destinada para
ganadería. pero hice grandes esfuerzos por explotarla en el área agrícola.
Planté choclos que se los comieron unas mariposas grises que cantaban.
Como había muchos mangos autóctonos planté centenares de mangos injerto que nunca
florecieron.
Hice otros esfuerzos agrícolas hasta que llegó el día que el fracaso en ellos me convenció
que debía dedicarme a la ganadería, lo que hice con éxito.

Cuando compré esta hacienda a todo lo largo del camino entre El Tigre y Don Mateo había
nueve o diez grandes haciendas, muchas de ellas con su pequeño aeropuerto.
Compré la mía en la confianza de qué podría desarrollarla como habían hecho los otros
grandes terratenientes de la zona.

Recién comprada la hacienda visité a un amigo chileno, Alfonso Tredinick, máxima autoridad del banco
Orinoco con sede en Puerto Ordaz y le comenté orgulloso acerca de mi importante
inversión. No puh huevón, me dijo, la cagaste!… No es momento de invertir comprando
tierras… aquí lo que viene es una crisis económica del carajo.

A pesar de su claro y contundente diagnóstico construí una vivienda principal y algunas
secundarias, las estructuras necesarias para manejar ganado, cercas para formar potreros
e hice constante limpieza de los terrenos en un inmenso esfuerzo personal y con una
grandísima inversión adicional.

Cinco años después de hecha la compra, cuando uno viajaba desde El Tigre hasta Don
Mateo ya no quedaba ninguna de las haciendas con aeropuerto y con grandes casas que
existían cuando compré don Mateo. Ninguna de ellas tenía siquiera cercas.
En los cien kilómetros al sur de El Tigre sólo quedaba este oasis que era mi hacienda y
ninguna otra en los 10 km hacia el sur donde está el pueblo de El Pao, a orillas del río
Orinoco.

Para terminar de poner las cosas difíciles, por allá por el 1994 un viernes que viajaba a la
hacienda desde Caracas decidí postergar el viaje por razones probablemente de trabajo.
Eso me salvó la vida porque esa noche un grupo de delincuentes se tomó la hacienda con
el propósito de secuestrarme para cobrar rescate.
Yo solía ir a la hacienda con alguna de mis amantes o con mi pequeño hijo Antonio. Lo
hacía sin pensar que estaba corriendo el riesgo que se puso de manifiesto.
De ahí en adelante cada vez que fui a Don Mateo lo hice solo, con mi chofer, con machete
y pistolas.

Pilancones por otra parte, es un pequeño fundo de 70 hectáreas ubicado en El Mecocal
sobre la carretera Falcón Zulia a unos 15 km del puente sobre el lago en la Costa Oriental
del lago de Maracaibo.

Compré Pilancones por iniciativa del ingeniero Marcelo Oppliger Moreno quien me sugirió
instalar unos galpones para el criadero de conejos. Llegamos a tener 8.000 conejos.
Cuando asumió Carlos Andrés Pérez y liberó la economía la proporción entre el precio de
la carne y el de la comida para conejos varió tan considerablemente que decidí liquidar los
8.000 conejos. Al efecto contraté un transportista que llegó con un par de camiones y se
robó todos los conejos. Lo demandé con la ayuda del abogado Alberto Pico Sotillo quien
descuidó el juicio, con lo cual perdí todos los conejos.

Desde entonces hasta esta fecha hemos cultivado ganado en Pilancones, donde hay un
padrote y alrededor de 60 animales. Todos los años, los que ya tienen peso suficiente para
ser vendidos son faenados por el comprador dentro del propio fundo, porque si uno saca
desde el fundo en camión un animal vivo inmediatamente se lo roban ya sea los
delincuentes o la guardia nacional o miembros del ejército que están permanentemente
saqueando a la población civil.

Y los últimos 30 años ha estado a cargo de Pilancones el dominicano Leoncio Rijo, 64 años,
quien trabaja conmigo desde que tenía 18.
Leoncio es un sujeto de piel clara, pelo rubio en su juventud, ojos azules y convicciones
profundas.
En una ocasión en que fue enviado como vigilante de una obra dirigida por el ingeniero
Patricio Acle Foster, Leoncio presentó su renuncia a nuestra empresa.
Ante mi consulta manifestó que no trabajaría por motivo alguno con Acle.
Después de mucho interrogarlo, pues es de pocas palabras confesó que renunciaba
porque el ingeniero Acle tiene los ojos con rayitas radiales y que las personas que tienen

los ojos con esa excepcional coloración son asesinos, dado lo cual trabajar con Acle
suponía un inmenso riesgo para él.
Me costó horas hacer ver a Leoncio que yo conocía mucho a Patricio, que fue el mejor
alumno de nuestra promoción de ingeniería en la universidad y que tenía la más absoluta
certeza de que Patricio era una bellísima y pacífica persona.